Ruleta Russo

  • 25.03.2010
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Juega con fuego. De Caruso a Vivas y después, sin escalas, a Miguel Angel Russo. El actual DT llegó y sacó a Bieler, ahora va por Lugüercio. Sin juego, la Acadé es un equipo que deambula por la cancha desorientado y vencido. Está a nueve fechas de sellar su destino. Cambia ya, o GAME OVER.

La cuenta regresiva al infierno tan temido comenzó. Con la salida de Caruso ya consumada y luego del breve interinato de Juan Barbas, la dirigencia de Racing fue a buscar a Claudio Vivas para que asuma como DT en medio de la tempestad que aún hoy azota a la Academia. Destacaban su forma de trabajar, su profesionalismo, su honestidad. "Por los comentarios que hemos recibido, es una persona diez puntos en lo humano. Todos hablan muy bien de él, los dirigentes que lo tuvieron y los jugadores que trabajaron bajo su mando", decía por entonces el vice Podestá. Creyeron en Vivas como el indicado para delinear la estrategia integral que permitiera el resurgimiento. "Con Vivas se piensa en un proyecto a largo plazo, que no sólo incluye el fútbol profesional y las urgencias de este presente, sino que también hay consenso en mirar a las inferiores para construir el futuro del club", repetían desde la CD una y mil veces.  Claro, hasta que un puñado de derrotas bastó para que quienes habían confiado en él dejaran a un lado la fe y las buenas intenciones y la impaciencia se adueñara de sus ideas.

"Si perdés tres partidos seguidos te tenés que ir, todo lo demás es verso", había vaticinado Caruso Lombardi y no se equivocó. Si eso está bien o no es otro debate. Lo que no se entiende son los constantes volantazos que se dan a la hora de la elección. De Caruso a Vivas, de Vivas a Russo. No es coherente pasar de un extremo al otro todo el tiempo. Delata que no se tiene claro hacia dónde se quiere ir y que la desesperación está ganando la batalla.

Justo cuando Molina empezaba a sumar porotos con la renegociación del sponsor y la indumentaria, que supusieron un embolso mayor de dinero para el club pese al nefasto momento deportivo (Olympikus abona poco más del doble que Penalty y el Banco Hipotecario supera al contrato con Macro). También la contratación de refuerzos de categoría es un punto a favor. Las llegadas de Bieler, Hauche y Licht no admiten discusión alguna, era lo mejor que ofrecía el mercado racional.  Sólo el caso de Ayala, elegido por el DT agotando el último cupo disponible para el nuevo diseño del equipo y por consecuencia descartando la llegada de un enlace; ya en la última etapa de su brillante carrera, da para la polémica. Su falta de estado y su inactividad previa a abandonar España para retornar al país le jugaron en contra y fue directamente responsable de varios de los goles que finalmente se tradujeron en derrotas y contribuyeron en dejar a la Acadé al borde del abismo. Que quede claro que el ex capitán del seleccionado no es el único responsable de este presente, pero tuvo incidencia directa en jugadas que costaron puntos valiosísimos y, a raíz de su nivel, rápidamente perdió el puesto con el Chaco Martínez. Hoy claramente por encima del Ratón.

Discutir a Miguel Angel Russo como técnico no tiene demasiado sentido. Es dueño de una trayectoria inmensa con títulos de todos los colores, con descensos y ascensos. Es decir, muchísima experiencia para lo que guste mandar. Para pelear campeonatos y también para luchar por mantener la categoría. A cada cual le puede gustar o no su estilo, pero lo que no está en duda bajo ningún concepto es su capacidad, en especial táctica-estratégica y de manejo de grupo. Por caso en Boca lidió con un vestuario en donde estaban Riquelme y Palermo, los hizo convivir en armonía y logró la Copa Libertadores hace muy poco tiempo. Poner en duda las capacidades de Russo es como discutir a Basile o a Bianchi. Pueden gustar más o menos dependiendo del paladar de quien los juzgue pero que saben lo que hacen no debe de haber dudas de ningún tipo.

Ahora bien, ¿cambió en algo el equipo desde la partida de Vivas y la llegada de Russo? Poco y nada. Al cambio de dibujo táctico, de pasar de defender con línea de tres a defender con cuatro, no hay demasiado para destacar. No se produjo ese shock anímico característico que suele suceder cuando se renueva un entrenador. Es cierto que logró, aunque sea minimamente, algo más de solidez en defensa. Pero en líneas generales, hasta acá, la era Russo está dejando un saldo muy por debajo de lo esperado. Aquello de que "el fútbol es un estado de ánimo", rige hoy con más vigencia que nunca. Racing, así como está y no a nivel de equipo, pero sí jugador por jugador; tiene uno de los cinco o seis mejores planteles del país. Sacando a Vélez, Estudiantes y Boca puede discutir puesto por puesto con Independiente, Lanús, Banfield y el que venga. La Academia cuenta potencialmente con un equipo importante como hace rato no tenía.

Está claro que el problema no es de falta de recursos o de materia prima sino de rendimientos. Individuales y colectivos. Pero muy especialmente, y de esto quien escribe está totalmente convencido, de mentalidad. “Mucho más no tengo para elegir”, se lo escuchó decir por ahí a Russo. ¿Qué tiene que decir el Turco Asad en el ganador Godoy Cruz entonces? ¿Y Zubeldía? ¿Quién es el suplente de Blanco en Lanús?. Como líneas más arriba se aclara no se discute la capacidad del entrenador, pero sinceramente se lo ve un poco desangelado, incapaz de tocarle el orgullo a los jugadores para que salgan como leones a la cancha a llevarse puesto al que sea que esté enfrente. Permeable a sacar pasaje directo a Devoto con la idea de sacar a Lugüercio y no encontrar soluciones e igual seguir en perdedor. ¿Si pierde tres o cuatro partidos seguidos la dirigencia lo bancará o lo van a echar argumentando como coartada “no ver una evolución en el equipo” como sucedió con Claudio Vivas? ¿Cuál será la reacción de la gente si de local pierde con Newell`s, con Lugüercio sentado en el banco y con la soga al cuello del descenso directo? Suena a momento límite. Si lo despiden, ¿quien agarra esto? Difícil pensar en alguien que ponga la cabeza. Excepto que sea un tipo hambriento de redención luego de su último mal paso y que le ponga Mostaza a la vida de la Acadé.

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