Destino Incierto

  • 14.02.2010
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La tercera derrota en forma consecutiva y la escasa distancia que existe entre el descenso y Racing, elevó al máximo la interminable crisis futbolística. Sin margen de error, la era Vivas tiende de un delgado hilo.

Lo palabra frustración dominó todas las miradas. Una vez más, La Academia se encargó rápidamente de evaporar toda ilusión que generaba un plantel de mayor jerarquía. En tan solo dos semanas, el equipo dirigido por Claudio Vivas nos empezó a contar el desenlace de una historia que debería tener los mismos protagonistas en sus diecinueve capítulos, pero que el delicado presente invita a proyectar su alteración.

Sin tratarse de un redactor pesimista, el mensaje que dejó la caída ante Gimnasia evidencio la falta de herramientas para descifrar una solución inmediata. El defectuoso sistema táctico que designó el entrenador se carga ante cada compromiso de mayores decepciones y falencias. ¿Cuánto más se estirará un esquema que no produce ningún aspecto positivo? El espejismo creado por la victoria ante Rosario Central perdió el valor para ser utilizado como justificativo de esta prolongada situación.

Mientras los jugadores batallan contra sí mismos para ocultar la incomodidad que les genera este estilo futbolístico, los rendimientos a nivel individual decrecen de forma constante y el plantel padece anímicamente el ser expuesto a recibir arduos golpes. Para colmo, los caminos que visualiza el técnico para cambiar de carril y expresar síntomas de recuperación no tienen el oportunismo para conseguirlo.

Cuando Racing no logra manejar el balón y los tres delanteros quedan completamente aislados, se agrega otro atacante (teniendo, por ejemplo, a Grazzini en el banco). Cuando la línea de tres defensores continúa otorgando espacios, se la expone a defender mano a mano. En un cotejo que desde la previa se presentaba como friccionado en la mitad del campo de juego, se utilizan tres volantes (No se le puede exigir a Castromán que recupere), aún siendo conciente de que el rival plantearía un sistema más cauteloso y aguerrido en dicha zona.

La idea, se aferraba a que el regreso de Claudio Yacob, el único que estuvo a la altura de las circunstancias a pesar de su larga inactividad, le otorgue mayor firmeza en el medio y que al mismo tiempo le agregue dominio de pelota al equipo. Con tres delanteros aislados de las acciones del juego, un cuarto jugador ofensivo en cancha solo generó que el conjunto académico disminuya sus ocasiones de gol.

Gabriel Hauche no tocó la pelota, Pablo Luguercio chocaba con sus rivales hasta perder el esférico y lo más preocupante, Claudio Bieler, el referente de área, no remató al arco en ninguna oportunidad. La incógnita, nace en el análisis personal: Con estos conflictos a la luz, ¿Qué aspectos justifican que se siga experimentando? Con una leve mirada hacia la realidad, la falta de respuestas del equipo y el comprometido presente estadístico exigen marginar los experimentos de lado.

Vale aclarar, que la propuesta de un entrenador que demostró compromiso y trabajo, simplemente no es la apropiada para la realidad de Racing y por ello, todos aquellos que después de la primera fecha nos ilusionamos hoy alzamos nuestras críticas. El presente no otorga tiempo para manotazos de ahogado. El descenso se ubicó a solo dos unidades de La Academia y las urgencias obligan a tomar cartas en el asunto de forma inmediata.

De ahora en adelante, el reloj asecha al elenco albiceleste y la obtención de respuestas se presenta como imperiosa una vez más. Conciente de estos detalles, Claudio Vivas deberá analizar minuciosamente si cuenta con las herramientas necesarias para revertir y derrotar la crisis futbolística que pone en juego en cada instante la grandeza de la institución.

Si el técnico conoce los medios para evolucionar, el apoyo será abalado siempre y cuando se demuestre con hechos concretos. No hay margen para cerrarse en un punto. Si el presente superó las armas del entrenador, el final de una etapa no debe ser prolongado. Los altibajos propios de un irregular liderazgo, donde Vivas cosechó cuatro victorias y siete derrotas al mando del equipo, iniciaron un proceso que proyecta indicios de conclusión y no de progreso. Mientras el destino del entrenador parece escrito, se aguarda por que ante todo Racing empiece a construir un porvenir más alentador.

Simulando de forma hipotéticamente la renuncia o despido del técnico, nace un nuevo interrogante: ¿Quién agarra el fierro hirviendo?. Los cambios de aire suelen tener secuelas positivas en los jugadores, quienes comparten la responsabilidad, y al no haber tiempo no hay espacio para fallar en la elección. Con Claudio Vivas al mando o sin el, de una forma u otra, en Avellaneda algo debe cambiar con inmediatez para amagar la cornisa en la que nos vemos expuestos. No hay lugar para las preferencias, de ahora en más, se debe aaccionar pensando en Racing y su gente.

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