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"Milito y Saja quieren que Racing sea el mejor del mundo"
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22/12/2015 - 13:14


"Uh, mirá... Eso no estaba, ¡qué lindo quedó! Aquello tampoco. ¡Cómo cambió todo!”. 

Compartimos la entrevista de Nicolás Montalá a Facundo Sava publicada el hoy en el Diario Olé.

 

Eran las 11 y monedas de la mañana. Facundo Sava acababa de entrar al lugar del que se había dio como jugador y al que un día, ayer, volvió como técnico. Los recuerdos empezaron a proyectarse en su cabeza, mezclados con una actualidad que le mostró un vestuario renovado. Aunque no todo le entró por los ojos; en ese reducto ahora hay aires positivos que también palpó, ya sin aquellas penurias contra el descenso, en la etapa más negra de Blanquiceleste. Siete años después, el Colorado del famoso llanto en la victoria sobre Belgrano para ganar la Promoción, cumplió con el sueño de regresar a un club hoy erguido, de pie.

 

“Me encontré en un vestuario con directivos que se llevan bien, todos con una sonrisa, muy profesionales. Hay un club totalmente distinto. Ya ver obras en el estadio, con gente poniendo cosas nuevas, eso es lo que queremos. Esto es la contracara de la otra época. En aquel entonces (jugó del 2006 al 2008) nadie quería venir a Racing. Yo hablaba con jugadores para convencerlos. ‘Dale, venite’, les decía. ‘Colo, en otro club cobro lo mismo y sé que me van a pagar...’, me respondían”.

 

-¿Estabas seguro de que alguna vez te tocaría? 
-Así como a los cinco años imaginaba que iba a ser futbolista, cuando jugaba en Racing sabía que alguna vez lo dirigiría. Pero ojo, nunca fue una obsesión porque para mí las obsesiones no son saludables. Se fue dando naturalmente. Me acuerdo que cuando era chico, escuchaba a Víctor Hugo Morales y soñaba con que relatara algún gol mío o me nombrara en la formación. Si bien me fui preparando como entrenador y estudié en la formación de grupos (es psicólogo social), por ahí mi llegada se me dio más rápido de lo que creía.

 

-¿En qué momento de tu carrera te llega esta chance en Racing? 
-Con el deseo de seguir creciendo. En las prácticas, en lo tecnológico, en lo táctico, en el manejo de grupos... Y los jugadores también quieren eso. En la semana me reuní con Sebastián (Saja) y Diego (Milito) para hablar del tema.

 

-¿Qué te transmitieron? 
-Fundamentalmente, quieren que Racing sea el mejor club del mundo en todo aspecto. Les piden eso a los dirigentes. Es una exigencia que también va hacia los entrenadores y para ellos mismos. Eso me encanta porque soy igual conmigo mismo. Ya les dije a los jugadores que con ellos seré muy exigente y también con los dirigentes. Me gusta hacer las cosas bien. Es la única manera de crecer y ser mejores personas, a nivel grupal e institucional. Estamos todos por el mismo camino.

 

-¿Qué es para vos ser exigente con el jugador? 
-Pedirles que se entrenen bien, que sean respetuosos, que cumplan con las reglas, que haya compañerismo, que trabajen al ciento por ciento, que quieran mejorar, que se cuiden en la alimentación, en el descanso, que se preparen para distintos sistemas de juego. Queremos hacerlos mejores a ellos. Lograron muchas cosas, pero mi base de vida es crecer. Y me deja tranquilo que piensen igual. Si fueran conformistas... Me gusta que me exijan salir campeón, ganar, que los entrenamientos sean fuertes.

 

¿El Sava DT es más idealista que el jugador? 
-Como DT soy más exigente que cuando era futbolista. De chico, por ejemplo, no soñaba con llegar a la Selección. Sí con ir a jugar a Europa. En cambio, de técnico sí tengo sueños grandes. Pero si no se cumplen, no pasa nada. No me cargo de cosas, disfruto del día a día, me preparo para que la práctica de mañana sea mejor.

 

-¿Qué cosas no tolerás de un equipo? 
-Trato de entender a los jugadores, aunque me gusta poner límites. Eso da tranquilidad. Somos un cuerpo técnico bastante firme. Hay cosas que las podemos charlar una, dos, tres o cuatro veces, pero insistimos en el respeto y el profesionalismo.

 

-¿Qué pensaste al volver a entrar al vestuario? 
-Que de ahí me había ido cuando entraba gente que no conocíamos. El club estaba acéfalo. El único que estaba era Miguel Rosello (actual gerente), que la piloteaba como podía. Aparecían caras un día y después no iban más. Eramos la gente y nosotros. Nos estábamos por ir al descenso... Yo digo que los equipos reflejan en la cancha lo que es la dirigencia.

 

-¿Cómo fue salvarse de la Promoción? 
-Una mezcla de felicidad y alivio por habernos sacado el mochilón que teníamos colgando. Fue muy fuerte para nosotros, sobre todo para mí porque era uno de los más grandes y sin dirigentes. Nos tuvimos que hacer cargo de un montón de situaciones que no nos correspondían. Estábamos en el medio del barco, con la marea alta, y las olas nos pasaban por arriba.

 

-¿El sufrimiento dejó alguna enseñanza? 
-Aprendí más en ese momento que en otros lugares donde he ganado títulos. De esa época me quedaron la solidaridad, la unión del grupo, la buena comunicación que teníamos entre todos los jugadores. Hablábamos mucho de fútbol, de táctica, de rivales, nos ayudábamos con dinero, acordábamos qué decir ante la prensa... Estábamos en todos los detalles. Recuerdo a ese grupo como a pocos.

 

-¿Te quedó una marca más en lo humano que en lo deportivo? 
-En las dos cosas. Tuve técnicos y compañeros muy buenos e hice muchos goles. Convertir con la camiseta de Racing para mí fue muy especial. Fue muy placentero en ese sentido, más allá de lo que padecimos en lo institucional.

 

-En ese momento ni te imaginarías que dirigirías a Racing en la Libertadores. ¿Será la prioridad? 
-Queremos ganar todo, no hay prioridades. Me gusta mucho ganar. Este plantel está acostumbrado a eso.

 

-Vas a tener un plantel con muchos delanteros. ¿Eso cómo lo tomás? 
-Es algo lindo y a la vez me genera la responsabilidad de que todos estén contentos. Es un desafío.

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